En los últimos dieciséis meses conocí al amor de mi vida (es una larga historia y la guardamos para otro día… algo de cita a ciegas casamentera y etcétera), me mudé dos veces (una vez a su casa en el UWS y la segunda del otro lado del río); me comprometí, me casé, me embaracé, me volví nivel tres en mi doctorado, perdí amistades, conocí nuevas; comencé a compartir la cama con otro humano, saqué a mi Lola de la cama, cociné más, comí más, aprendí un montón, me di cuenta de lo poco que sé y etcétera y etcétera….
Y ahora aquí estoy. Estoy enorme. Estoy tan grande que me es difícil salir de la cama sin un gran esfuerzo, o un empujón de mi querido marido. ¡Y lo que me falta! un trimestre completito y cachito. ¡Fanfarrias para mi y mi bebé gigantesco!
¿Y qué te sucede cuando vives tantos cambios en tan poco tiempo? Mucho. Pasan muchas cosas.
Hay días en que me es difícil reconocerme en el espejo. Otros días intento recordad cómo era mi vida antes… mucho antes, bueno no hace mucho, tal vez hace año y medio. Está difícil. Muy. Y hay días (especialmente a últimas fechas, aunque culpo a las hormonas) me siento tristona.
De eso, probablemente escribiré otra cosa. Por ahora, como comentario ¿qué pasa con todos los cambios? o ¿qué me ha sucedido a mí? Pues te vuelves un poco experta en todo y en nada… y así la cosa…
(continuará… obvio).
