Estoy segura de que no fue Einstein quien inventó esa frase. Estoy absolutamente segura de que fue una mamá, aunque no le dieran el crédito.
Cuando eres papá el tiempo es más allá de relativo. El tiempo es o eterno o es demasiado corto. Cuando tienes un bebé el tiempo dentro de su posibilidad de ser demasiado corto no existe, excepto cuando estás durmiendo o tomando algo de tiempo para ti.
Las noches, los días, especialmente las noches se vuelven un abismo de horas largas que parecen no terminar y que al final no tienen una buena dormida. ¿Dormir? ¿Qué es eso?
Todo comienza cuando traes al bebé a la casa. ¿O durante el parto? Esas noches cuando todo termina (La vida de pareja, la vida en la que puedes ir al baño cuando quieres y no solamente cuando puedes dejar al bebé, la vida en la que salir de casa no es todo un merequetén logístico), o todo comienza.
Así que el sueño se te escapa pero ahí está la emoción y el dolor y estás a punto de conocer a tu bebé así que qué importa si no duermes.
Y llega tu pequeño humano y ¡felicidad!
Te llevas al bebé a la casa y así comienza la cosa. El tiempo adquiere este otro sabor, olor y consistencia. Pensabas que el tiempo era largo cuando estabas esperando una llamada después de una cita, o cuando esperabas a que un trabajo nuevo sucediera. No, no, esas versiones alargadas de tiempo no se comparan con el estatus de tiempo-bebé.
Así que tienes a tu bebé, genial. Y tu bebé se despierta cada dos-tres horas para comer. Y sabes que no durará, sabes que sólo serán unas semanas antes de que la versión miniatura de ti esté más fuerte y pesada y podrá dormir periodos de tiempo más largos.
Lo sabes: en tu mente. Pero eso no ayuda. Porque cuando estás metido en el asunto dura muchísimo.
Tu bebé no se está agarrando a tu pezón correctamente y es una pesadilla y lloras y buscas a una asesora de lactancia, o a dos. Y tu mamá no tiene muy buenos consejos porque en su época los bebés no tenían ese tipo de problemas. Y tu hermana te dice que ya pasará y tus amigas suspiran contigo por teléfono. Y parece que nunca acabará y eres un desastre y qué estabas pensando cuando dejaste que el amor de tu vida te impregnara… y pasa. Tu pequeña personita se está agarrando al pezón y comiendo como debería. Todo el asunto sólo duró cuatro días. Cuatro días. Se sintió como una eternidad.
Y esos tiempos cuando tu pequeño humano tuvo un acelere en su crecimiento, ¿te acuerdas? Tomó dos días, menos de 48 horas en las que comía cada hora. Pensaste que te ibas a morir. Estabas tan cansada. Sentías que estabas viviendo meses y meses de esto. Pero sólo duró dos días. ¿Entiendes? Tiempo de progenitores alongado.
Mi dragón petite ha estado durmiendo toda la noche por mes y medio masomenos. Ha sido maravilloso. Ha sido el paraíso. Hasta que aprendió a darse la vuelta. Ahora mientras duerme y chupa su dedo con alegría, se da la vuelta de la espalda a su panza y se frutra porque sus manos se atoran debajo de ella, porque no se puede dar la vuelta de regreso, porque no puede chuparse el dedo. Ninguno de los dos.
Así que se despierta, y nos despierta. Y de pronto dormir toda la noche ya no existe para nosotros. Mi adorado o yo nos tenemos que salir de la cama, ir a su cuarto (sí, ya duerme en su cuna en su propio cuarto, suspiro, ¡fue tan rápido!) y la volteamos de regreso. Esto sucede cada 20-30 minutos durante toda la noche.
Estamos metidos en esto. Nunca acabará. Toda una noche de sueño nunca volverá. Han pasado tres días. Se siente como si fueran semanas y semanas. Ella está de mal humor durante el día porque no está durmiendo bien. Yo tampoco. Mi esposo tampoco. Mi perrita no se queja.
Y entonces anoche estaba de panza otra vez y encontró su pulgar. Y durmió. Y nosotros también. Y esos días, esos días eternos que se extendían y extendían y ano están ahí.
Definitivamente, como mamá, el tiempo es absolutamente relativo.
